No sé qué pensar. No sé si estaré haciendo lo correcto. No sé si volveré a cagarla. Me encuentro en un profundo estado de incertidumbre. ¿Pero sabes qué? Que me da igual volver a cagarla. No me importa. Al fin al cabo, hemos nacido para eso ,¿no? Nadie decide por nosotros, solo nosotros podemos hacerlo. A veces, debemos arriesgarnos y lanzarnos al vacío aún sin saber si en el abismo encontraremos algo que nos de esa firmeza, que nos dé ese equilibrio que nos falta o un simple río que aminore el dolor de la caída. Pero,¿ Qué pasa cuando no encontramos nada? El golpe es mucho más fuerte y lo peor es el dolor. Ese dolor que no se va en semanas o en incluso meses o años .Ese dolor que a veces nunca se va porque nos ha abierto una herida demasiado grande. Una herida imposible de curar en muchos casos quedándose para siempre abierta por mucho que deseemos lo contrario. Y lo peor es el sufrimiento que causa esa herida. Pero no podemos vivir con ese miedo a tropezarnos y caer a ese abismo. No podemos ni debemos quedarnos jamás con la duda. Sí, podemos tropezar. Sí, podemos sufrir y llorar.Sí, podemos pasarlo realmente mal pero si elegimos el camino correcto probablemente encontremos la firmeza que no dé esa sensación de triunfo. Podemos ser felices tan solo arriesgando un poco de nosotros, porque si no arriesgas, no ganas ni sabrás jamás qué pudo haber pasado.

No hay comentarios:
Publicar un comentario