A 100 metros de la costa. Desde la ventana se podía apreciar
el mar con total claridad e incluso el sonido de las tortuosas olas chocando
con las inquebrantables rocas. Se respiraba tranquilidad en el ambiente. Era un
ambiente cálido. Todo me resultaba familiar. Pero por dentro me sentía
incompleta. Me faltaba Él. Cuantas noches me había pasado buscándolo, cuántos
días, semanas, horas habían sido utilizados en vano. Nada era igual sin Él. Me
sentía como un perro sin su dueño, la luna no brillaba como antes desde que él
no estaba y Hacía tiempo que había dejado de sonreír de verdad. Me había pasado
los últimos días ocultándome en máscaras plagadas de sonrisas falsas. Sí, lo
echaba de menos pero sabía que era inútil echar de menos a alguien que no iba a
volver jamás. Por mucho que me doliese y me costase debía olvidarlo, y ya no
sólo por mí sino por ellos. Eché la cortina y traté de dormir. Lo que no sabía
es que en la 260, justo al lado de mi habitación, se encontraba el chico que me
había arrebatado mi sonrisa…

No hay comentarios:
Publicar un comentario