viernes, 10 de agosto de 2012

Piensa bien tus decisiones



No sé qué pensar. No sé si estaré haciendo lo correcto. No sé si volveré a cagarla. Me encuentro en un profundo estado de incertidumbre. ¿Pero sabes qué? Que me da igual volver a cagarla. No me importa. Al fin al cabo, hemos nacido para eso ,¿no? Nadie decide por nosotros, solo nosotros podemos hacerlo. A veces, debemos arriesgarnos y lanzarnos al vacío aún sin saber si en el abismo encontraremos algo que nos de esa firmeza, que nos dé ese equilibrio que nos falta o un simple río que aminore el dolor de la caída. Pero,¿ Qué pasa cuando no encontramos nada? El golpe es mucho más fuerte y lo peor es el dolor. Ese dolor que no se va en semanas o en incluso meses o años .Ese dolor que a veces nunca se va porque nos ha abierto una herida demasiado grande. Una herida imposible de curar en muchos casos quedándose para siempre abierta por mucho que deseemos lo contrario. Y lo peor es el sufrimiento que causa esa herida. Pero no podemos vivir con ese miedo a tropezarnos y caer a ese abismo. No podemos ni debemos quedarnos jamás con la duda. Sí, podemos tropezar. Sí, podemos sufrir y llorar.Sí, podemos pasarlo realmente mal pero si elegimos el camino correcto probablemente encontremos la firmeza que no dé esa sensación de triunfo. Podemos ser felices tan solo arriesgando un poco de nosotros, porque si no arriesgas, no ganas ni sabrás jamás qué pudo haber pasado. 




domingo, 15 de julio de 2012

259



A 100 metros de la costa. Desde la ventana se podía apreciar el mar con total claridad e incluso el sonido de las tortuosas olas chocando con las inquebrantables rocas. Se respiraba tranquilidad en el ambiente. Era un ambiente cálido. Todo me resultaba familiar. Pero por dentro me sentía incompleta. Me faltaba Él. Cuantas noches me había pasado buscándolo, cuántos días, semanas, horas habían sido utilizados en vano. Nada era igual sin Él. Me sentía como un perro sin su dueño, la luna no brillaba como antes desde que él no estaba y Hacía tiempo que había dejado de sonreír de verdad. Me había pasado los últimos días ocultándome en máscaras plagadas de sonrisas falsas. Sí, lo echaba de menos pero sabía que era inútil echar de menos a alguien que no iba a volver jamás. Por mucho que me doliese y me costase debía olvidarlo, y ya no sólo por mí sino por ellos. Eché la cortina y traté de dormir. Lo que no sabía es que en la 260, justo al lado de mi habitación, se encontraba el chico que me había arrebatado mi sonrisa…

viernes, 6 de julio de 2012

Acting


 Miro a mi alrededor. No sé donde estoy. Lo veo todo tan distinto. ¿Quién podría imaginar que las cosas sucederían tan rápido? No reconozco a la gente que veo. Todos parecen bastante distintos a como yo los creía conocer. Tal vez son paranoias mías. Quizás la distinta soy yo. Quizás el mundo está loco o, a lo mejor, no somos quienes creemos ser. En el fondo puede que nadie haya cambiado y todos sigamos siendo los mismos, lo único es que todos sabemos fingir y aparentar demasiado bien.

Mídete a ti misma


Crees saberlo todo pero en realidad todavía te queda por aprender mucho más de lo que piensas. Piensas que eres bastante independiente de los demás  y madura para tener la edad que tienes pero en el fondo sabes que no es así y que aún eres como un cachorrillo que necesitas cobijo y compañía para su propia supervivencia.
No te sobreestimes ni creas ser ingeniosa porque lo demás te lo digan. La inteligencia no se encuentra en los libros sino en la manera de actuar. Sólo tú conoces tus límites y fronteras. Te conocen menos de lo que creen conocerte, eres más valiosa de lo que piensas.
Aprende a valorar lo que tienes y deja de menospreciar lo que te rodea. Sabes que no eres perfecta y que nunca llegarás a serlo así que deja de mirar con lupa cada uno de los errores y defectos de los demás. Que te entre en la cabeza que ningún ser que se encuentra sobre la faz de la tierra alcanzará jamás la perfección, ya que es totalmente imposible.
 No te escondas y muéstrate tal y como eres sin miedo a equivocarte. La mayor virtud humana está en saber reconocer los errores ya que en el corazón de esos errores se encuentra el verdadero aprendizaje. Así que no te arrepientas de lo que hagas pero actúa con conocimiento. No te dejes influenciar por los demás, insisto, sé tú misma. Y recuerda, cuantos más errores cometas mayor será tu grado de sabiduría adquirido.

jueves, 5 de julio de 2012

Regrets in the past


Eran alrededor de las 4 de la mañana. Llevaba varias horas dando vueltas en la cama pero el calor me impedía conciliar el sueño. Al final decido levantarme y me asomo a la ventana a tomar un poco el aire. No era la única que no podía dormir esa noche, ya que Andrew, el jardinero del barrio estaba asomado al balcón fumándose un cigarrillo semiacabado. Se respiraba tranquilidad en todo el barrio, como si el más mínimo ruido pudiese despertar a los 5 millones de habitantes de aquella enorme ciudad. Miro al horizonte y después a los desiertos paseos y avenidas. Un gato paseaba solitario a la caza de algún ratón despistado.  En ese momento lo veo a lo lejos. Allí está él, sentado en un banco con ese aire despreocupado y chulesco que lo caracteriza. Pero hoy lo veo distinto, ¿mucho más guapo, quizás? Deprisa.  bajo las escaleras hacia salón y salgo a la calle. Corro hacia al banco pero ya no está. Ha desaparecido. En ese momento, noto unas manos que me cubren los ojos y un susurro al oído:
-¿Me buscabas?
Rodeo mis manos con las suyas notando su tacto inconfundible. Era él. Podía notar su perfume, su pelo rozando mis mejillas, su piel, sus corpulentos brazos y esa sonrisa pícara que tanto me gustaba aunque no la pudiera ver en ese momento.
-¿Qué haces aquí a estas horas?
-No podía dormir.
En ese momento me da la vuelta y sosteniendo mi cabeza con sus manos, me besa. Rodeo su cuello con mis brazos. Nos besamos. Después me coge de la mano:
-Ven conmigo, te llevaré a un sitio que jamás olvidarás.
Le sigo y cuando por fin llegamos a ese sitio me dice que cierre los ojos. Subimos por una senda un poco ladeada y por fin llegamos arriba.
-Abre los ojos.
Los abro y puedo ver entonces el paisaje más bonito que había visto jamás. De un acantilado brotaba un río que daba vida a todo un frondoso bosque. Desde allí arriba podía divisar la playa y su ondulado oleaje. También se podía ver toda la ciudad desde allí. Miles de luces procedentes de distintos puntos se cernían a lo lejos. Los grillos aportaban la banda sonora con sus canturreos a aquel maravilloso espectáculo. Gracias a la luna podía verle a él. Podía ver todos sus rasgos faciales incluso esa marca de nacimiento en la parte superior del cuello. Todo era precioso. Nos sentamos al borde del acantilado y volvemos a besarnos. Deseaba permanecer allí, junto a él el resto de mi vida, pero ambos sabíamos que nos quedaban muy pocos días como aquel. Él debía retomar su camino y yo el mío por mucho que nos doliera. Pero sabía que ese momento no se me olvidaría nunca. Había quedado grabado en mis retinas de la misma manera que habían quedado grabados cada uno de los instantes vividos junto a él.


Entonces, recordé una frase y  no pude reprimir las lágrimas. Decía algo así como ``No empiezas a valorar lo que tienes hasta lo que pierdes´´. Era la última noche a su lado y ya no podía dar vuelta atrás. Estaba a punto de perderlo y todo era por mi culpa…

domingo, 24 de junio de 2012

Ho voglia di te


Nos reímos. Y seguimos riéndonos así. Hablando sin saber muy bien de qué ni por qué. Después decidimos colgar, prometiendo que nos llamaremos mañana. Es una promesa inútil: lo hubiéramos hecho de todos modos. Cuando pierdes tiempo al teléfono, cuando los minutos pasan sin que te des cuenta, cuando las palabras no tienen sentido, cuando piensas que si alguien te escuchara creería que estás lcoco, cuando ninguno de los dos tiene ganas de colgar, cuando después de que ella ha colgado compruebas que lo haya hecho de verdad, entonces estás perdido. O mejor dicho, estás enamorado, lo que, en realidad, es un poco de lo mismo...

sábado, 23 de junio de 2012

TEMPUS FUGIT


Era una tarde de verano, aparentemente como otra cualquiera. Caminaba sosegadamente por  una calle que el calor había dejado completamente vacía. Sin rumbo, dejándome llevar por mis propios pasos, como un transeúnte solitario , absorta en mis propios pensamientos. De repente, para mi sorpresa,  escucho unas voces. Levanto la cabeza y , a lo lejos,  medio cegada por culpa de un gran lucero amarillo que parecía burlarse de mi escasa visibilidad, soy capaz de divisar a un grupo de muchachos de no más de 6 años. Jugaban con una cómica pelota que resistía pacientemente a los golpes y patadas que recibía. Paso cerca del grupo y la pelota llega delante de mí. La cojo y es entonces cuando me llegan a la mente un sinfín de recuerdos. Recuerdos de un pasado único, imposible de reemplazar. Un pasado en el que no había peleas, discusiones ni disputas, solo riñas sin importancia que se solucionaban con un ``¿ hacemos las paces?´´. Un pasado en el que el colegio era entendido como un lugar para jugar y hacer amigos y no como una cárcel que nos tenía apresados para realizar interminables exámenes hiciese el calor o el frío que hiciese. Un pasado en el que no importaba el ganar o el perder, solo participar y que al llegar a casa te esperasen miles de felicitaciones y cumplidos por tu merecido esfuerzo. Un pasado en el que la navidad era posible y se vivía con ilusión y alegría. Un pasado en el que el comienzo de unas vacaciones se vivían con pena porque significaba el no volver a ver a tus amigos hasta septiembre, por muy bien que lo pasases en la playa o en esos  típicos campamentos de niños. Un pasado en el que el único problema  eran las cuentas de Matemáticas y que no te llegase el dinero suficiente para una simple bolsa de pipas o para algún capricho, y términos como  la inflación o la crisis estaban totalmente fuera de lugar. Un pasado en el que no importaban las notas, puesto que nunca iban a pasar de un progresa adecuadamente. Un pasado lleno de esperanzas en el que cada día se vivía como una aventura más. Un pasado que seguro que a todos nos gustaría volver a experimentar, pero ya sólo queda el recuerdo, un recuerdo que nadie será capaz de arrebatarnos jamás, aunque pasen décadas, siglos o milenios. Porque estoy segura que todos siguen conservando ese niño en su interior.






-¿Me pasas la pelota, por favor?
Una vocecilla interrumpe mis pensamientos y no tengo más remedio que esbozar una sonrisa ante esa mirada inocente. Le doy la pelota y sigo pensando en que será de mí en un futuro y en lo mucho que cambiamos en tan poco tiempo.
El tiempo vuela y nos obliga a volar con él. Ojalá el tiempo se parará de vez en cuando y pudiésemos saborear mejor cada una de las etapas de la vida y reflexionar sobre si estamos obrando correctamente.